Estas sesiones tienen como finalidad envolver a los pequeños en un ambiente musical donde se sientan a gusto, protegidos y conectados con sus papás/mamás, así como con la música, creando un ambiente donde se sientan motivados para dar sus primeros pasos en la expresión musical.
Nuestras clases de música para bebés están diseñadas para acercar la música a los pequeños durante sus primeros meses de vida, y hasta los tres años. Igual que no esperamos que aprenda sus primeras palabras para interaccionar con él y estimularle, le acercamos la música a través de canciones y recitados, así como con diferente material estimulante de apoyo e instrumentos. De esta manera, iremos desarrollando su lenguaje y expresiones musicales de la misma manera que desarrollamos su expresión hablada: por medio de la imitación, el juego, el contacto corporal, el movimiento… encontrando así en estas sesiones un espacio musical donde despertar su curiosidad y su deseo de resonar con sus iguales.
La
metodología que ofertamos está basada en los principios de la musicoterapia, y
mayoritariamente, la Music Learning Theory del pedagogo Edwin Gordon quien,
durante cincuenta años de investigaciones, nos descubrió la capacidad y el
potencial musical de un niño a partir de la edad neonatal, basándose en el
principio según el cual la música puede aprenderse de la misma manera que una
lengua materna. Ofrecemos clases semanales, grupos de hasta seis personas, en
horario de mañana y tarde, así como talleres mensuales para familias que
quieran venir de una forma más espaciada.
Metodología Gordon
El método Gordon de estimulación musical temprana abarca las edades de 0 a 3 años, acompañando el aprendizaje de la base de la enseñanza musical por medio del juego, material estimulante y canciones.
El pedagogo Edwin Gordon basó este método de enseñanza en el paralelismo con la lengua materna: igual que no esperamos a que el bebé diga sus primeras palabras para enseñarle y estimularle, con la música haremos lo mismo, repitiendo patrones melódicos y rítmicos, así como canciones de todas las partes del mundo, para enriquecer su oído y su sentido del ritmo sin esfuerzo ni presión, sino como una actividad que compartir en familia.
La participación de los padres, por lo tanto, es fundamental, pues servirán del mejor ejemplo para ellos, fomentando, entre muchas cosas, la imitación y la escucha.
La efectividad es tan alta, que es frecuente que comiencen desde bebés a desarrollar ese gusto por compartir la música entre iguales, y a la edad de tan sólo 3 años ya estén preparados para coger un instrumento y experimentar la música partiendo de una base muy sólida.